domingo, 5 de mayo de 2013

No es oro todo lo que brilla, o la serpiente que se muerde la cola ―grandes personalidades opinan sobre la civilización



Babilonia era una copa de oro en la mano del Señor para embriagar a toda la tierra. Las naciones bebieron su vino, por eso enloquecieron... Dejaré completamente secos el río y los manantiales de Babilonia, que quedará convertida en un montón de ruinas, en guarida de chacales, en un lugar inhabitable que a todos causará espanto, horror y burla… Cuando ardan de calor, yo les prepararé un festín para dejarlos embotados. Les serviré bebidas que los embriaguen y les hagan perder el sentido. Así caerán en un sueño eterno del que no despertarán… Luego los llevaré al matadero, como se lleva a los corderos, a los chivos y a los carneros.
(Jeremías, 51).

Llamar "mejoramiento" a la doma de un animal es algo que a nosotros nos suena casi como una burla. Quien sepa lo que pasa en los lugares donde se domestica a animales salvajes, dudará mucho que éstos sean "mejorados".
(F. Nietzsche).


El "progreso indefinido" es una idea de origen iluminista, que nació en Próximo Oriente con la misma civilización y se procuró legitimidad teórico-racional durante la ilustración francesa del Siglo XVIII. Se basa en la noción de que el ser humano procede de un pasado enfermo, sucio, ignorante y primitivo, y que poco a poco se dirige hacia un futuro sano, limpio, culto y "avanzado". La arqueología sugiere más bien lo contrario, a saber: que la civilización ha provocado la caída del ser humano del estado de gracia, haciéndole enfermar. La idea de las tradiciones religiosas era similar: existió una "edad de oro" edénica (Satya o Kritta Yuga para los hindúes) en la que el ser humano era más perfecto, y tras la cual advino un trauma que causó la degeneración humana y la aparición de la miseria y la enfermedad, culminando en la edad de hierro (Kali Yuga para los hindúes). A pesar de esto, la espiral industrial en la que estamos sumidos sigue propagando que el crecimiento económico infinito es viable, que la torre de Babel puede ascender indefinidamente, que las cosas van a mejor y, en suma, que el ser humano "ha mejorado".

A lo largo de su historia evolutiva, el hombre ascendió en la pirámide alimentaria desde los arcaicos monos frugívoros, convirtiéndose en un depredador cada vez más eficaz y coronando la cima cuando, tras la revolución carnívora, dejó de ser víctima de otros depredadores. Sin embargo, con el fin de la edad de hielo y el advenimiento de la Revolución Neolítica, el hombre y el planeta cayeron bajo una nueva forma de depredación: la tecnología y el parasitismo de la Tierra; dos nuevos factores que violaron una ecuación holística hasta entonces armoniosa, y que transtornaron para siempre el equilibrio ecológico del planeta y la biodiversidad y calidad genética de la especie.



El ser humano, o mejor dicho, un tipo humano desarraigado, alienado, mezclado y confuso, creía que la razón de su malestar y de su miedo era que el orden natural estaba mal diseñado. El frío glacial penetra hasta el tuétano, oprime el corazón, desmoraliza al timorato y no permite pensar en nada más. Los elementos y la vegetación azotan y arañan la piel. El suelo maltrata los pies. El sustento diario sólo se gana con atroz sacrificio y derramamiento de sangre. Las mujeres, acaparadas por los mejores cazadores y guerreros, son difíciles de conseguir. Cada minuto de vida es un minuto arrancado a duras penas a la muerte luchando contra el entorno y contra uno mismo. Y para colmo, en cada rincón acechan las fauces de un depredador o las afiladas puntas de sílex de una tribu enemiga que no tiene reparos en devorar alegremente a cuanto desgraciado caiga en sus manos. En cuanto a la tribu propia, es un organismo contundente, despiadado, frío y severo. No es una madre en cuyo blando regazo llorar en busca de consuelo y caridad, sino un padre estricto que impone obediencia, que se regodea con el sacrificio y que no perdona el error. Como mandos militares, los ancianos sabios marginan a los débiles de la vida reproductiva, premian sólo a los buenos cazadores y luchadores, exigen una lealtad y una entrega absolutas y no vacilan en dejar morir a los elementos menos valiosos de la colectividad por el bien del clan. Guste o no, estos son los factores que nos hicieron levantarnos por encima del hombre-simio y que escribieron nuestro genoma como una novela con letras de hielo, piedra, sangre, semen, carne y sudor.

"Evoluciona o muere", decía el mundo en aquella época. Pero esa ley puede resultar muy dura para las víctimas de la voraz maquinaria evolutiva: vivir como carne de cañón de la selección natural no es vida. Por tanto, es necesario cuestionar este horrible estado de cosas, rediseñarlo todo desde cero, reorganizar la obra de Dios ―ya que Él no ha sabido organizarla al gusto del hombre―, huir del sufrimiento y erigir un mesiánico "nuevo orden". Nace la moral del esclavo y una especie de complejo de Edipo. Se debe construir un sistema (la civilización) dentro del Sistema (la Naturaleza), en el que el sustento diario no entrañe tanto esfuerzo y en el que la búsqueda del placer y de la comodidad prime sobre las virtudes alquímicas del ascetismo, el sacrificio y la fuerza de voluntad. La competitividad debe atenuarse y la ferocidad del depredador debe ser suavizada para hacerla encajar en el nuevo molde social pseudo-matriarcal. Para lograr semejante meta, se debe reclutar a personas de procedencias diversas, dispuestas a trabajar por un nuevo bien común ―por la persuasión o por la fuerza―, y abolir su bagaje de tradiciones e identidad ancestrales. Donde antes sólo existían las profesiones de madre, cazador, guerrero, pescador, recolector y chamán, ahora surgirán ocupaciones totalmente nuevas (alfarero, agricultor, pastor, mercader, prostituta, sacerdote, minero, sirviente, esclavo) que jerarquizarán a la sociedad en base a criterios que nada tienen que ver con la calidad de los genes: un hombre débil y cobarde puede ahora ser valioso si se dedica a mover objetos por las rutas comerciales; una mujer promiscua, antaño maldita por la tribu, ahora puede vender su cuerpo. La naciente sociedad debe ser un ente masificado en el que los fuertes tiren del carro, remolcando a los débiles con el sudor de su frente. Los valientes mueren en la guerra mientras los cobardes se multiplican en la retaguardia. No necesitan ya cazar; el pan sustituye a la carne y el vino a la sangre. Sólo existe un dios universal: el de la civilización. Todos los demás dioses son abominaciones. Quienes pertenezcan a esta especie de secta son los elegidos. Quienes no pertenezcan a ella son los paganos, los bárbaros, los profanos, los violentos, una masa humana ciega, salvaje e impura que vive en las tinieblas y que debe ser esclavizada e integrada en el sistema para que los elegidos puedan vivir sin trabajar. El pensamiento lineal, racional y lógico debe crecer monstruosamente hasta anular al pensamiento simbólico e instintivo. La civilización acabará dominando a la Naturaleza, descrifrando todos sus secretos, diseccionándola y finalmente sometiéndola, fagocitándola y domesticándola íntegramente, para que nada escape al control humano y para que el sistema sea predecible, mecánico y matemático.

Esta filosofía debió arraigar muy tempranamente en Próximo Oriente y afectó a numerosos pueblos, entre ellos el judío ―que actualmente es con diferencia el grupo humano que lleva más tiempo viviendo bajo condiciones civilizadas. El Antiguo Testamento está salpicado de testimonios sobre el amanecer de la civilización, recogidos a lo largo de toda la Creciente Fértil, desde la ciudad sumeria de Ur hasta la egipcia de Menfis. En otro escrito hebreo, el Midrash Tanjuma, se nos brinda un ejemplo perfecto de ideología iluminista. Tiene lugar supuestamente antes de la revuelta de Bar Kojba. Turno Rufo, el gobernador romano de Judea, debate con el líder del sanhedrín, Akiva ben Yosef, y le pregunta: "¿La obra de quién es mas bella, la del Santo, alabado sea, o la del hombre, de carne y hueso?" El rabino le responde que la obra del hombre. Perplejo, el romano le replica: "Pero ¡mira el cielo y la tierra! ¿Puede acaso hacer el hombre algo semejante?". Akiva hace traer unos granos de trigo y un pastel: "Esto es obra divina y esto es obra humana", dice. "¿No es mejor el pastel que los granos de trigo?". Este tipo de razonamiento no difiere mucho del que les habría impulsado a Adán y Eva a probar del fruto del árbol de la ciencia... perdiendo para siempre el fruto del árbol de la vida.



Está muy estudiado por la eugenesia que los entornos sociales civilizados ―al preservar las vidas de personas débiles y estúpidas que en un entorno natural serían incapaces de perpetuar su estirpe, y al lanzar a los fuertes e inteligentes a luchas fratricidas u ocupaciones aberrantes que minan su tasa de fertilidad y dilapidan su sangre― provocan irremisiblemente la degradación del código genético del ser humano. La Naturaleza tiene maneras muy retorcidas de vengarse de quienes le dan la espalda o pretenden dominarla. El registro fósil demuestra que en cuanto el hombre dejó de cazar y abrazó la agricultura, lo pagó con un tremendo descenso de su salud y de su calidad biológica, como vimos en el artículo sobre la Revolución Neolítica. Actualmente, la proliferación cada vez mayor de enfermedades degenerativas, alergias y desórdenes mentales ("la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien totalmente sano", decía Huxley) es señal más que evidente de que no hemos dominando a la Naturaleza, sino que nos sigue dominando como siempre, sólo que esta vez nos ataca, porque no la estamos obedeciendo. La enfermedad y la degeneración son las maneras que tiene la Naturaleza de protestar y hacernos ver que no estamos ejercitando nuestras funciones humanas, que ignoramos la sabiduría reproductiva y que estamos respirando, bebiendo y comiendo cosas que no deberíamos. Si la civilización es como una serpiente que se muerde la cola, es porque es el resultado de la calidad genética y depende de ella, pero como una maldición, se vuelve en contra de la misma sustancia que la alimenta, cerrando el círculo de su propia perdición. Este "efecto boomerang" biológico es el verdadero motivo por el que todas las civilizaciones se derrumban tarde o temprano, y suscita una pregunta lógica e inquietante: si la próxima civilización humana será global, ¿qué vendrá después?

El hombre civilizado no ha experimentado la dureza del mundo real en sus carnes ni se ha adaptado jamás a la Naturaleza ―al contrario, sus actos van encaminados a adaptar la Naturaleza a él, aunque sea a martillazos. Por tanto, tiende a tener un ego grande y un espíritu pequeño, y considera que es la cima de la evolución. Esta nueva criatura artificial, este nuevo animal doméstico que es el humano moderno, por su aislamiento en la burbuja del "bienestar digno de lástima", desconoce la humildad ante la Creación, y es por tanto la única forma de vida del planeta capaz de desviarse de las leyes naturales, invertir el orden correcto e incurrir en el pecado de alzarse contra la obra de Dios. A esta soberbia sacrílega y autodestuctiva, los griegos la llamaron hubris hybris. [1] Es la causa por la que, a pesar de que la civilización ha sido total, absoluta e indiscutiblemente catastrófica bajo un punto de vista estrictamente evolutivo, biológico, espiritual y medioambiental, el hombre se haya convertido en un "señorito satisfecho" de su labor.

¿Es la civilización una guerra a muerte contra la biología y, por tanto, una revuelta contra la vida, por parte de las fuerzas enfermizas, malignas y antitéticas del mundo, aquellas que están resentidas por el sufrimiento? ¿Corre el hombre el riesgo de convertirse en esclavo de su propia creación, en un simple factor productivo, en una cifra, una estadística? ¿Hemos creado un sistema con vida propia que ha subordinado nuestro bien al suyo? ¿Está la tecnología deshumanizando y mecanizando a la especie, exterminando su biodiversidad, provocando su involución y llevando su domesticación a niveles escalofriantes? ¿Es la sociedad moderna un inmenso campo de concentración, un zoo masificado en cuyas jaulas languidecen, domesticados y castrados, los degenerados descendientes mutantes del hombre libre y cazador? ¿Qué clase de selección natural estamos promoviendo? ¿Qué tipo humano se ve más favorecido por el "progreso"? ¿En qué se convertirá el hombre el día que haya perdido definitivamente su adaptación a la Naturaleza y en cambio esté plenamente adaptado al mundo industrial, comercial y tecnológico? ¿Ha llegado la especie humana a la senilidad? ¿Padece de alzheimer? ¿Se está autodestruyendo el mundo moderno en general y la Civilización Occidental en particular? ¿Sigue siendo la civilización esa celosa secta oriental que exige la sumisión de la vida y que para conseguir eso, como toda secta, extirpa al individuo de su marco ancestral, aniquilando su identidad y dinamitando las lealtades que pueda tener fuera de la secta (nación, pueblo, raza, clase, sexo, familia, religión, gremio, etc.)? Éste es el tipo de preguntas que pudieron hacerse los autores que veremos en este artículo.

La civilización ha supuesto el avance arrollador de la materia inerte (tecnología, comercio, consumismo, comodidad), y el retroceso absoluto de la materia viva (salud, cuerpo, código genético, mente, sacrificio), por no hablar de la caída de la espiritualidad. Hasta que los sistemas de poder humanos no adopten una perspectiva biocéntrica en general y antropocéntrica en particular, y mientras lo alto de la pirámide del poder mundial siga ocupado por la élite financiera internacional (los pastores que nos están domesticando, castrando, atontando y envenenando), la especie seguirá degenerándose a sí misma y al planeta. Talar bosques enteros para imprimir millones de ejemplares de la revista "Telva", enfermar a la gente para que tengan que comprar medicamentos a la industria farmacológica, cargarse la maternidad y la natalidad para que las mujeres trabajen a fin de ganar dinero para comprar cosas totalmente inútiles, o arrancar a millones de personas del Tercer Mundo para alimentar la maquinaria de las multinacionales, son cosas que sólo en un sistema económico equivocado y podrido podrían ser beneficiosas ―para unos pocos, y sólo a corto plazo. Mientras los Estados no se rebelen contra la economía de libre mercado y el comercio internacional apátrida, y mientras no intervengan resuelta y decididamente en la reproducción humana para detener la involución de la especie y mejorar su código genético, el ser humano va camino de convertirse en una forma de vida cada vez más ridícula y desarraigada. El mundo moderno necesita desesperadamente una serie de revueltas populares que derriben la economía financiera, global y de consumo, y establezcan una economía multipolar, austera y sencilla, más basada en la autosuficiencia, la autarquía de cada Estado, los bienes locales y aquellos estrictamente necesarios, y en la que el Estado, identificado con el pueblo trabajador, meta en cintura a los mercaderes, parásitos y prestamistas usureros. 

El actual estilo de vida no tiene nada que ver con las necesidades de la especie, sino con las exigencias de un sistema económico con vida propia, y que se encuentra en total contradicción con la naturaleza humana, con  sus instintos innatos y con el verdadero papel del hombre libre en el concierto de la vida y del mundo.

La recopilación de pasajes que se presenta no debe entenderse como un alegato contra la civilización ni contra la tecnología, sino contra la civilización mal entendida, contra la tecnología mal empleada, contra la economía usurera, libre-mercantil, parasitaria, consumista y de crecimiento indefinido, y a favor de un tipo radicalmente distinto de civilización, como por ejemplo lo fue en su día Esparta: un Estado, quizás el único de la historia, que con una clarividencia sin precedentes, se dio cuenta de que el oro corrompe y de que la civilización es un producto netamente peligroso al que hay que aproximarse con el látigo en la mano. Durante siglos, Esparta fue capaz de mantener viva la naturaleza y la tradición de sus ciudadanos, pero también pudo defender el entorno geopolítico más vulnerable de Europa contra enemigos infinitamente más avanzados económica y materialmente.

A la hora de seleccionar los autores de estas citas, no se ha discriminado por motivos de raza, religión, sexo, orientación sexual o ideología. Aquí veremos a blancos, negros, judíos, nazis, anarquistas, fascistas, comunistas, franquistas, ateos, cristianos, paganos y homosexuales. La mayoría tienen en común el no compartir el infantil entusiasmo "progresista" y el mirar a la civilización con suspicacia, a la vez que paradójicamente son considerados grandes exponentes de la misma. Si alguien conoce más citas similares, serán bienvenidas en la bandeja de entrada de europa_soberana(a)hotmail.com Gracias a Ignis, Paris AM, Alberto, Blanco, Abraxas, Linceiberico y Lucio por sus contribuciones.

Cronología de nuestra evolución desde la aparición del género Homo hasta la actualidad. La civilización industrial en rojo.



La civilización es la victoria de la persuasión sobre la fuerza.

(Platón, filósofo griego, 428-328 AEC).



Cualquier esfuerzo por mejorar la Naturaleza es cultura, y toda cultura es como una enfermedad; cuanto más culturizado está un hombre, más peligroso es.

(Chuang Zhu o Zhuangzi, filósofo chino, 369-286 AEC).



Nacemos príncipes y el proceso de civilización nos convierte en ranas.

(Publio Siro, escritor romano, 85-43 AEC).



En el principio, cuando los hombres vivían imbuidos con sentimientos dignos de héroes, honraban aquella virtud que nos hace semejantes a los dioses; obedecían las leyes fijadas por la Naturaleza y, juntándose con una mujer de edad apropiada, padreaban niños virtuosos. Pero poco a poco la raza cayó desde esas alturas al abismo de la lujuria, y buscó placer por caminos nuevos y errantes.

(Luciano de Samóstata, escritor griego, 125-181 EC).



Dios nunca hizo su obra para que el hombre la arreglase.

(John Dryden, poeta y dramaturgo inglés, 1631-1700).



Las ciudades son el abismo de la especie humana.

(Jean Jacques Rousseau, filósofo francés, 1712-1778).



Dios hizo el campo, y el hombre la ciudad.

(William Cowper, poeta inglés, 1731-1800).



Si nos amontonamos en grandes ciudades como los europeos, nos transformaremos en seres corruptos, tal y como ellos lo son ahora, y nos devoraremos los unos a los otros.

(Thomas Jefferson, revolucionario y Presidente estadounidense, 1743-1826).



La desviación del hombre del estado en el que fue originariamente colocado por la Naturaleza ha demostrado ser una prolífica fuente de enfermedades.

(Edward Jenner, médico inglés).

Edward Jenner (1749-1845), inventor de la vacuna contra la viruela.


Los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen.  

(René de Chateaubriand, diplomático, escritor y aristócrata francés, 1768-1848).



Cuando la labranza comienza, otras artes siguen. Por tanto, los campesinos son los fundadores de la civilización humana.

(Daniel Webster, estadista americano, 1782-1852).



Rascad al hombre civilizado y aparecerá el salvaje.

(Arthur Schopenhauer, filósofo alemán).

Arthur Schopenhauer (1788-1860).


¿Es la civilización del hombre sólo un envoltorio, a través del cual su naturaleza salvaje aun puede explotar, más infernal que nunca?

(Thomas Carlyle, escritor escocés, 1795-1891).



A medida que la civilización avanza, la poesía casi necesariamente declina.  

(Thomas B. Macaulay, aristócrata, historiador, poeta y político escocés, 1800-1859).



"La verdadera prueba de la civilización no es el censo, o el tamaño de las ciudades, o las cosechas, sino el tipo humano que el país produce".

"El final de la raza humana será que finalmente morirá de civilización".

(Ralph Waldo Emerson, poeta y filósofo americano, 1803-1882).



Entre los salvajes, los cuerpos o las mentes enfermas son rápidamente eliminados, los hombres civilizados, en cambio, construyen asilos para los imbéciles, los discapacitados y los enfermos y nuestros médicos ponen lo mejor de su talento en conservar la vida de todos y cada uno hasta último momento, permitiendo así que se propague la estirpe de los miembros más débiles de nuestras sociedades civilizadas. Nadie que haya trabajado en la reproducción de animales domésticos, dudará de que esto es sumamente perjudicial para la raza humana. Es sorprendente lo pronto que una necesidad de cuidados, o de cuidados mal dirigidos, lleva a la degeneración de una raza doméstica; pero exceptuando el caso del mismo ser humano, nadie es tan ignorante como para permitir que sus peores animales se reproduzcan. 

La ayuda que nos sentimos compelidos a brindar a los necesitados es principalmente un resultado incidental del instinto de la simpatía, que fue adquirido originariamente como parte de los instintos sociales, pero subsiguientemente vuelto, de la manera antes indicada, más tierno y más ampliamente difundido. 

(Charles R. Darwin, naturalista inglés, 1809-1882).



La tecnología está regida por dos tipos de persona: aquellos que gestionan lo que no entienden, y aquellos que entienden lo que no gestionan.  

(Mike C. Trout, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, 1810-1873).



El efecto de toda civilización llevada al extremo es la sustitución del espíritu por la materia y de la idea por la cosa.

(Téophile Gautier, escritor y fotógrafo francés, 1811-1872).



"Mientras que la civilización ha estado mejorando nuestras casas, no ha mejorado del mismo modo a los hombres que deben habitarlas. Ha creado palacios, pero no ha sido tan fácil crear nobles y reyes".

"La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades no sólo no son indispensables, sino que son obstáculos para la elevación de la humanidad".

"Los hombres se han convertido en herramientas de sus herramientas".

"Es la preocupación por las posesiones, más que cualquier otra cosa, lo que nos impide vivir de forma libre y noble".

"Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad".

(Henry D. Thoreau, poeta y filósofo americano, 1817-1862).



"El progreso, esa gran herejía de la decadencia".  

(Charles Baudelaire, poeta y escritor francés, 1821-1867).



"La producción de demasiadas cosas útiles resulta en demasiadas personas inútiles".

"La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas".

"El desarrollo de la civilización y de la industria en general siempre se ha mostrado tan activo en la destrucción de los bosques que todo lo que se ha hecho para su conservación y producción es insignificante en comparación".

(Karl Marx,  ideólogo judeo-alemán, 1818-1883).



El barbarismo se necesita cada cuatrociendos o quinientos años para traer el mundo de vuelta a la vida. De lo contrario, moriría de civilización.

(Edmond H. de Goncourt, escritor francés, 1822-1896).



La civilización se ha ido alejando más y más del llamado "hombre natural", que usa todas sus facultades: percepción, invención, improvisación.  

(Robert G. Ingersoll, veterano de guerra, político y orador americano).



La civilización es lo que te hace enfermar.

(Paul Gauguin, pintor francés, 1848-1903).



La civilización es la multiplicación ilimitada de necesidades innecesarias.  

(Mark Twain, escritor americano, 1835-1910).



El burdo paganismo de la civilización generalmente ha destruido la naturaleza y la poesía, y todo lo que es espiritual.

(John Muir, naturalista americano).

John Muir (1838-1914).


El individuo se ha convertido en un mero piñón de una enorme organización de cosas y de poderes que le arrancan de sus manos todo progreso, toda espiritualidad y todo valor, a fin de transformarlas de su forma subjetiva a la forma de una vida puramente objetiva.

(Georg Simmel, sociólogo y filósofo de origen judeo-alemán, 1858-1918).



Me parece que la civilización tiende más a refinar el vicio que a perfeccionar la virtud.

(Edmond Thiaudière, filósofo y poeta francés, 1837-1930).



La civilización es una terrible planta que no vegeta y no florece si no es regada de lágrimas y de sangre.  

(Arturo Graf, poeta italo-alemán, 1848-1913).



"Provisionalmente al menos, toda civilización de base militar resulta muy superior a lo que se llama civilización. Esta última, en su forma actual, es la forma más baja que se ha conocido hasta ahora".

"¿Quién nos contará la historia completa de los narcóticos? ¡Casi es la historia de la civilización, de lo que llamamos civilización superior!"

"Quien posee poco no corre el peligro de que le posean a él. ¡Alabada sea esa pobreza sencilla".

"También a mí me da asco esta gran ciudad. ¡Cuánto me gustaría que la redujera a cenizas una columna de fuego! Pues el gran mediodía ha de venir precedido por columnas de fuego, pero él tiene ya señalados su momento y su destino".

"Esta enfermedad de la voluntad no se ha extendido por Europa de un modo uniforme. Donde más ha afectado y donde más complicada aparece es en aquellos lugares en los que la civilización hace más tiempo que echó raíces, mientras que va desapareciendo en la medida en que, bajo el descuidado ropaje de la cultura occidental, el «bárbaro» sigue reivindicando (o vuelve a reivindicar) sus derechos".

"La mala conciencia es la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy, el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo, resultado de una separación violenta de su pasado animal, resultado de un salto y una caída, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad".

"El «cultivo» del ser humano ha corrido siempre parejo con el debilitamiento, esto es, con la disgregación y el decaimiento enfermizo de la fuerza de voluntad".

(Friedrich W. Nietzsche, filósofo alemán).

Friedrich W. Nietzsche (1844-1900).


El gran problema de la civilización es asegurar un aumento relativo de los valiosos comparado con los elementos menos valiosos o nocivos de la población... El problema no se puede resolver si no damos una consideración total a la inmensa influencia de la herencia.

(Theodore Roosevelt, Presidente americano, 1858-1919).



Nuestra civilización vive según el principio de los sofistas atenienses denunciados por Platón, a saber: tener los deseos más violentos posibles y encontrar el medio de satisfacerlos.

(Juan José Dardo Rocha y Arana, político, militar, abogado y periodista argentino, 1838-1921).



La civilización le sienta tan mal al cuerpo que algunos la han llamado enfermedad, a pesar de las artes que mantienen vivos los cuerpos enclenques hasta edades medias más avanzadas, y de nuestra mayor protección de enfermedades contagiosas y microbiales.

(George S. Hall, 1844-1924, psicólogo americano).



El descontento es la primera necesidad del progreso.

(Oscar Wilde, poeta anglo-irlandés, 1854-1900, y Thomas A. Edison, inventor americano, 1847-1931).



Civilizar a un pueblo no es otra cosa que hacerle sentir nuevas necesidades.

(Charles Gide, economista francés, 1847-1932).



El progreso de la civilización se corresponde con la expansión de la náusea generalizada.

(Edgar E. Saltus, escritor americano, 1855-1921).



La civilización es el proceso de reducir lo infinito a lo finito.

(Oliver Wendell Holmes, Jr., 1841-1935, veterano de guerra y jurista americano).



El fin práctico de la civilización consiste en obligar a la muerte a hacer cada día más larga la antesala delante de nuestra alcoba.  

(Santiago Ramón y Cajal, médico español, Premio Nóbel de medicina en 1906).

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934).


El auge del hombre primitivo e incivilizado está sujeto a las mismas leyes que aquellas que prevalecen en el mundo animal, hasta que la civilización humana irrumpe en escena e interfiere con el orden natural de las cosas. Así, cuando el hombre empieza a especializarse y las razas humanas empiezan a mezclarse, la Naturaleza pierde el control. Parece que las mejores razas humanas, como las mejores razas de los animales, surgieron cuando la Naturaleza tenía un control total, y que el hombre civilizado está transtornando el orden divino del origen humano y del progreso.

(Henry F. Osborn, geólogo, paleontólogo y eugenista americano, 1857-1935).



Es imposible pasar por alto la medida en que la civilización está construida sobre una renunciación del instinto.

(Sigmund Freud, 1856-1939).



"Lo que llamamos «progreso» es el intercambio de un lastre por otro lastre".

"Actualmente, la tarea más grande ante la civilización es hacer de las máquinas lo que debieron ser: las esclavas, en lugar de las amas, de los hombres".

(Henry H. Ellis, médico inglés).



Donde el entorno es demasiado blando y lujoso y no se requiere luchar para sobrevivir, no sólo a las variedades y los individuos débiles se les permite vivir y se les anima a reproducirse, sino que los tipos fuertes también engordan mental y físicamente.

(Madison Grant, abogado y eugenista americano, 1865-1937).



Nosotros [los seres humanos modernos y civilizados] promocionamos la degeneración racial por nuestra negligencia, a través de la creación de una nueve especie humana horriblemente degradada, monstruos físicos y morales que están corrompiendo la sangre de la raza y amenazando con su misma extinción.

(John H. Kellogg, médico y eugenista americano, 1852-1943).



Una larga experiencia quirúrgica me ha demostrado de forma concluyente que hay algo radical y fundamentalmente equivocado en el estilo de vida civilizado, y creo que, a menos que las costumbres dietéticas y sanitarias de las naciones blancas sean reorganizadas, la decadencia social y el deterioro de la raza son inevitables.

(Sir William Arbuthnot Lane, cirujano escocés, 1856-1943).



El progreso, bajo cuyos pies la hierba se lamenta y los bosques se convierten en papel del que crecen plantas de periódicos, ha subordinado el propósito de la vida a los medios de subsistencia y nos ha convertido en las tuercas y los tornillos de nuestras herramientas.

(Karl Kraus, 1874-1936, escritor, periodista, poeta y dramaturgo judeo-austriaco).



El hombre razonable se adapta al mundo. El irracional persiste en intentar adaptar el mundo a él. Por tanto, todo el progreso depende del hombre irracional.

(George B. Shaw, escritor irlandés).



No puede conseguirse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas.

(Hermann Keyserling, filósofo y científico alemán, 1880-1946).



Indecible dolor y calamidad afligieron al hombre porque perdió en un falso intelectualismo ese conocimiento profundamente arraigado en el instinto.

(Adolf Hitler, líder alemán, 1889-1945).



En el crepúsculo frío y tembloroso que precedió el alba de la civilización, la emoción dominante del hombre era el miedo.

(Paul Harris, abogado americano, 1868-1947).



La superstición del progreso es el veneno que corroe nuestro tiempo.

(Simone Weil, filósofa judeofrancesa, 1909-1943).



"Los hombres no pueden seguir adelante el curso actual de la civilización moderna. Porque están degenerando. Se han dejado fascinar por la belleza de las ciencias de la materia inerte. No han comprendido que sus cuerpos y su consciencia están sujetos a leyes naturales, más obscuras, pero tan inexorables como las leyes del mundo sideral. Tampoco han comprendido que no pueden transgredir esas leyes sin ser castigados".

"La civilización moderna, con la ayuda de la higiene, el confort, la buena comida, la vida fácil, los hospitales, los médicos y las enfermeras, ha permitido vivir a muchos individuos de calidad mediocre. Estos seres enclenques y sus descendientes contribuyen en gran medida a la debilitación de las razas blancas. Quizá deberíamos renunciar a esta forma artificial de salud y perseguir exclusivamente la salud natural, que proviene de la excelencia de las funciones de adaptación y de la resistencia innata a la enfermedad".

"Aparentemente no existe adaptación posible a la agitación incesante, a la dispersión intelectual, al alcoholismo, a los excesos sexuales precoces, al ruido, al aire contaminado y a los alimentos adulterados. Si esto es así, debemos modificar nuestro género de vida y nuestro medio ambiente, aun a costa de una revolución destructora. Después de todo, el propósito de la civilización no es el progreso de la ciencia y de las máquinas, sino el progreso del hombre".

"Dijérase que las modernas organizaciones de negocios y la producción en masa son incompatibles con el desarrollo completo del ser humano. Si esto es así, entonces es la civilización moderna y no el ser humano lo que debe desaparecer".

(Alexis Carrell, biólogo, médico y eugenista francés, 1873-1944).

Alexis Carrel (1873-1944).


Yo erradicaría las máquinas de la faz de la Tierra de nuevo, y pondría fin absolutamente a la época industrial, como un error oscuro.

(D. H. Lawrence, escritor inglés, 1885-1930).



La cultura contemporánea requiere autómatas. Una cosa es muy cierta, la esclavitud del hombre crece y aumenta. El hombre se ha convertido en un esclavo voluntario que ya no necesita cadenas. Comienza a encariñarse con su esclavitud y hasta a enorgullecerse de ello. Y esto es lo más terrible que le puede suceder a un hombre.

(George I. Gurdjieff, místico y esoterista armenio, 1872-1949).



La metáfora fatal del progreso, que significa dejar cosas detrás de nosotros, ha oscurecido totalmente la verdadera idea del crecimiento, que significa dejar cosas dentro de nosotros.

(Gilbert K. Chesterton, escritor inglés, 1874-1936).



Uno piensa que un muro sólido como la tierra separa a la civilización del barbarismo. Os digo que la división es un hilo, una lámina de cristal. Un toque aquí, un empujón allí, y volverá el reinado de Saturno.

(John Buchan, aristócrata, novelista y político escocés, 1875-1940).



La civilización avanza a base de extender el número de operaciones importantes que podemos llevar al cabo sin pensar en ellas.  

(Alfred North Whitehead, matemático y filósofo inglés, 1861-1947).



El lujo es una de las influencias más enervantes que existen. Comienza por la comodidad y, pasando por la relajación y afeminamiento, conduce a la degeneración física, intelectual y moral. Siendo, al principio, seductor, concluye finalmente en pasiones debilitantes que producen la ruina total de todas las energías sanas y fuertes de la vida. Constituiría un tema especial el estudiar las mutuas relaciones entre el lujo y la desmoralización, y el resultado final sería que la causa fundamental de ambas apariencias converge en una y la misma fuerza. 

(Henry Ford, magnate industrial americano, 1863-1947).



La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe.

(H. G. Wells, escritor inglés, 1866-1946).



Encontraremos que la civilización, como el universalismo y el cristianismo, es anti-evolutiva en sus efectos; trabaja contra las leyes y condiciones que regularon las primeras fases del ascenso del hombre.

(Arthur Keith, anatomista y antropólogo escocés).



"Si la tecnología sigue progresando a este ritmo, al hombre se le atrofiarán todas las extremidades salvo el dedo para pulsar el botón".

"Mirar cualquier plano de una gran ciudad es como mirar el plano de un tumor fibroso".

(Frank Lloyd Wright, arquitecto americano, 1867-1959).



El brillo de la civilización nos ha cegado hasta tal punto en cuanto a la comprensión de verdades interiores de las cosas, que durante mucho tiempo hemos creído que, mientras una civilización progresaba, la calidad de la estirpe humana encargada de construirla progresaba también. En otras palabras, hemos estado imaginando que veíamos una raza que mejoraba, cuando lo que realmente veíamos era una raza expresándose bajo condiciones que mejoraban. ¡Una peligrosa ilusión, ésta!

(Lothropp Stoddard, politólogo, historiador, periodista, eugenista, antropólogo y estudioso americano del Islam, 1883-1950).



La civilización moderna emerge en la Historia como una verdadera anomalía. Entre todas las que conocemos de un modo más o menos completo, esta civilización es la única que se ha desarrollado en un sentido puramente material.

(René Guénon, matemático, esoterista y filósofo francés, 1886-1951).



Los progresos de la civilización facilitan las condiciones de existencia y modifican también las leyes de selección biológica originales.

Cuanto más consigue un grupo humano dominar y transformar las condiciones de su área de vida por el establecimiento de una cultura fiel a la ley de la vida, más fácilmente consigue el individuo preservarse y evitar la eliminación. Las leyes de selección y eliminación, severas en su origen, desaparecen poco a poco y se atenúan. Cuanto más envejece una cultura y alcanza el estado de las épocas civilizadas tardías, más pierde su vigor. Ella produce incluso el proceso inverso. Individuos débiles y enfermos pueden así sobrevivir y reproducirse; tipos raciales diferentes se mezclan. La ley creadora de la especie ya no parece actuar. (…) Cuando la cultura presenta ya las características de una acción civilizadora tardía, la "selección" por sí misma ya se ha transformado en una espantosa contra-selección.  

(Cuaderno SS Nº7, 1942, El sentido biológico de la selección).



Repítese insistentemente que la civilización es la causante de la degeneración de las razas, por transformar las características de domesticación en características de degeneración, conservándose en esta forma variantes extremas que se habrían eliminado por selección natural. Tal decadencia es, en cierta medida, de origen hereditario, pues los esfuerzos de la higiene y de la medicina han conservado progenitores cuyas condiciones biológicas son de mala cualidad para la generación, debilitándose la raza por la pervivencia de tales reproductores.

(Coronel Antonio Vallejo-Nájera, médico, militar, eugenista y psiquiatra español). 

Vallejo-Nájera (1889-1960).


A largo plazo, quizás descubramos que la comida enlatada es un arma más mortífera que la ametralladora.

(George Orwell, escritor inglés, 1903-1950).



Cualquiera puede ser un bárbaro; pero requiere un tremendo esfuerzo el permanecer un hombre civilizado.

(Leonard Sidney Woolf, autor judeo-británico y esposo de la escritora Virginia Woolf, 1880-1969).



"Dios no es compatible con la maquinaria, la medicina científica y la felicidad universal. Uno debe elegir. Nuestra civilización ha elegido la maquinaria, la medicina y la felicidad".

"El progreso tecnológico meramente nos ha provisto de medios más eficientes para retroceder".

"Cada civilización es, entre otras cosas, un acuerdo para domesticar las pasiones y ponerlas a hacer trabajo útil".

"La civilización es, entre otras cosas, el proceso por el que las primitivas manadas se transforman en una analogía, tosca y mecánica, de las comunidades orgánicas de los insectos sociales".

(Aldous Huxley, escritor inglés, 1894-1963).



La verdadera libertad se halla en el salvajismo, no en la civilización.

(Charles Lindbergh, aviador, ingeniero y político americano, 1902-1974).



La humanidad está adquiriendo toda la tecnología adecuada para todas las razones equivocadas.

(Richard Buckminster Fuller, ingeniero, inventor y diseñador americano, 1895-1983).



"La civilización existe por consentimiento geológico, sujeto a cambios sin aviso".

"La civilización comienza con orden, crece con libertad y muere con caos".

"Toda civilización es un fruto del robusto árbol de la barbarie y cae a la máxima distancia del tronco".

(Will Durant, filósofo e historiador americano, 1885-1981).



"La civilización, clemente con los genes defectuosos, provoca el surgimiento del mal biológico. Genéticamente, estamos pagando a muy alto precio el progreso médico y social".

"El débil, como el viejo, es un producto de la civilización".  

(Jean Rostand, biólogo y filósofo francés, 1894-1977).



Estamos tan envueltos en racionalización y ocultación que no podemos apenas reconocer los profundos impulsos primarios que nos motivan.

(James Ramsey Ullman, escritor y montañero americano, 1907-1971).



"La educación hace máquinas que actúan como hombres, y produce hombres que actúan como máquinas".

"La gran promesa de un Progreso Ilimitado (la promesa de dominar la naturaleza, de abundancia material, de la mayor felicidad para el mayor número de personas, y de libertad personal sin amenazas) ha sostenido la esperanza y la fe de la gente desde el inicio de la época industrial. Desde luego, nuestra civilización empezó cuando la especie humana comenzó a dominar la naturaleza en forma activa; pero ese dominio fue limitado hasta el advenimiento de la época industrial. El progreso industrial, que sustituyó la energía animal y la humana por la energía mecánica y después por la nuclear, y que sustituye la mente humana por la computadora, nos hizo creer que nos encontrábamos a punto de lograr una producción ilimitada y, por consiguiente, un consumo ilimitado; que la técnica nos haría omnipotentes; que la ciencia nos volvería omniscientes. Estábamos en camino de volvernos dioses, seres supremos que podríamos crear un segundo mundo, usando el mundo natural tan sólo como bloques de construcción para nuestra nueva creación. 

Los hombres y, cada vez más, las mujeres, tenían un nuevo sentimiento de libertad; se convertían en amos de sus vidas: las cadenas feudales hablan sido rotas y el individuo podía hacer lo que deseara, libre de toda traba, o así lo creía la gente. (…) Se suponía que lograr riquezas y comodidades para todos se traduciría en una felicidad sin límites para todos. La trinidad "Producción ilimitada, libertad absoluta y felicidad sin restricciones" formaba el núcleo de una nueva religión: el Progreso, y una nueva Ciudad Terrenal del Progreso remplazaría a la Ciudad de Dios. No es extraño que esta nueva religión infundiera energías, vitalidad y esperanzas a sus creyentes. 

Lo grandioso de la Gran Promesa, los maravillosos logros materiales e intelectuales de la época industrial deben concebirse claramente para poder comprender el trauma que produce hoy día considerar su fracaso. La época industrial no ha podido cumplir su Gran Promesa, y cada vez más personas se dan cuenta de lo siguiente: 

- La satisfacción ilimitada de los deseos no produce bienestar, no es el camino de la felicidad ni aun del placer máximo. 

- El sueño de ser los amos independientes de nuestras vidas terminó cuando empezamos a comprender que todos éramos engranajes de una máquina burocrática, y que nuestros pensamientos, sentimientos y gustos los manipulaban el gobierno, los industriales y los medios de comunicación de las masas que ellos controlan. 

- El progreso económico ha seguido limitado a las naciones ricas, y el abismo entre los países ricos y los pobres se agranda. 

- El progreso técnico ha creado peligros ecológicos y de guerra nuclear; ambos pueden terminar con la civilización, y quizás con toda la vida. (…)

En realidad, se supuso que la máquina económica era una entidad autónoma, independiente de las necesidades y de la voluntad humanas. Era un sistema que funcionaba solo, y obedecía a sus propias leyes… El desarrollo de este sistema económico ya no quedó determinado por la pregunta: "¿qué es bueno para el hombre?", sino la pregunta: "¿qué es bueno para el desarrollo del sistema?". Se trataba de ocultar lo enconado de este conflicto suponiendo que lo que era bueno para el desarrollo del sistema (o aun para una sola gran Empresa) también era bueno para la gente. Esta interpretación se vio reforzada por una interpretación subsidiaria: que las cualidades mismas que el sistema requería de los seres humanos (egotismo, egoísmo y avaricia) eran innatas a la naturaleza humana; por ello, no sólo el sistema, sino la misma naturaleza humana las fomentaba; se suponía que las sociedades en que no existía el egotismo, el egoísmo y la avaricia, eran "primitivas", y sus habitantes eran como "niños". La gente se negó a reconocer que estos rasgos que habían dado el ser a la sociedad industrial no eran impulsos naturales, sino producto de las circunstancias sociales. No es menos importante este factor: la relación de la gente con la naturaleza se volvió muy hostil… Nuestro espíritu hostil y de conquista nos ciega al hecho de que los recursos naturales tienen límites y pueden agotarse, y que la naturaleza luchará contra la rapacidad humana…

La necesidad de un profundo cambio humano no sólo es una demanda ética o religiosa, ni sólo una demanda psicológica que impone la naturaleza patógena de nuestro actual carácter social, sino que también es una condición para que sobreviva la especie humana…

¿Es posible que hayamos perdido el más fuerte de todos los instintos, el de conservación?"

(Erich Fromm, psicoanalista americano de origen judeo-alemán, 1900-1980).



"La civilización es horrorosamente frágil… no hay demasiado entre nosotros y los horrores de debajo, sólo una capa de barniz". 

"La tecnología es una cosa extraña: con una mano te trae grandes regalos, y con la otra te apuñala por la espalda".

(Charles P. Snow, químico y novelista inglés, 1905-1980).



"Creo que no estaría muy equivocado si afirmase que la cantidad de auténtico tiempo libre disponible en una sociedad generalmente es inversamente proporcional a la cantidad de maquinaria ahorradora de trabajo que emplea".

"El sistema de la Naturaleza, del cual el hombre forma parte, tiende a ser auto-equilibrante, auto-ajustable, auto-limpiable. Con la tecnología, esto no es así".

(Ernst F. Schumacher, economista germano-británico, 1911-1977).



La distancia entre la civilización y la barbarie es tan fina como el papel de fumar.

(Antonio Robles, escritor español, 1895-1983).



No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma.

(Jiddu Krishnamurti, filósofo hindú, 1895-1986).



El verdadero peligro no es que los ordenadores empezarán a pensar como hombres, sino que los hombres empezarán a pensar como ordenadores.

(Sydney J. Harris, periodista americano, 1917-1986).



"La sociedad occidental ha aceptado como incuestionable un imperativo tecnológico que es tan arbitrario como el tabú más primitivo: no meramente el deber de alimentar invenciones y crear constantemente novedades tecnológicas, sino también el deber de rendirse incondicionalmente a estas novedades, sólo porque se ofrecen, sin atender a sus consecuencias humanas".

"El hombre tiene todavía en su interior recursos suficientes como para cambiar la dirección de la civilización moderna, por lo que no debemos pues considerar al hombre como la víctima pasiva de su irreversible desarrollo tecnológico".

(Lewis Mumford, 1895-1990, sociólogo e historiador americano).



La máquina no aísla al hombre de los grandes problemas de la Naturaleza, sino que lo hunde más profundamente en ellos.

(Antoine Saint-Exupéry, aristócrata, aviador y escritor francés, 1900-1944).  



Siento decir que hay demasiada razón en la broma de que la vida está extinta en otros planetas porque sus científicos estaban más avanzados que los nuestros.

(Dennis Gabor, físico húngaro, Premio Nóbel por inventar la holografía, 1900-1979).



Si continuamos desarrollando nuestra tecnología sin sabiduría ni prudencia, nuestro criado puede convertirse en nuestro verdugo.

(Omar Bradley, militar americano, 1893-1981).



Generalizando ―o más bien, para ser exactos―, el mundo va a la deriva en una dirección cada vez más devastadora, hacia el objetivo absurdo de exterminar las ciudades y campos del hemisferio norte y las gentes que han desarrollado nuestra civilización.

(Alva Myrdal, diplomática, eugenista y socialdemócrata sueca, Premio Nóbel de la paz en 1982).

Alva Myrdal (1902-1986).


"En nuestra rica civilización de consumo, nos envolvemos de ropajes y nos dejamos poseer por nuestras posesiones".

"Junto con el control del fuego y el descubrimiento de la rueda, el mayor triunfo de lo que llamamos civilización fue la domesticación del macho humano".

(Max A. Lerner, periodista americano, 1902-1992).



Tecnología: el truco de organizar el mundo de tal manera que no tengamos que experimentarlo.

(Max Frisch, 1911-1991, escritor y arquitecto suizo).



La única esperanza es que nuestra civilización colapsará en cierto momento, como siempre sucede en la historia. Después, a partir del barbarismo, un renacimiento.

(Pierre Schaeffer, compositor francés, 1910-1995).



El progreso es la injusticia que cada generación comete con respecto a sus predecesoras.

(Emile M. Cioran, filósofo rumano, 1911-1995). 



El aspecto más triste de la vida ahora mismo es que la ciencia reúne conocimiento más deprisa de lo que la sociedad reúne sabiduría.

(Isaac Asimov, escritor americano de origen judeo-bielorruso, 1920-1992).



Civilización es el proceso en el que uno aumenta gradualmente el número de personas incluidas en el término "nosotros", y a la vez disminuye aquellos etiquetados como "vosotros", hasta que nadie permanezca dentro de esta categoría.

(Howard Winters, arqueólogo americano, 1923-1994).



La civilización es el arte de vivir en ciudades de tal tamaño que todo el mundo no conoce a todos los demás.

(Julian Jaynes, psicólogo americano, 1920-1997).



"Las generaciones nacidas en las más monstruosas aglomeraciones humanas, como Nueva York, Londres, París o ¿por qué no? Madrid, empiezan a arrojar un alto porcentaje de jóvenes inadaptados, sucios, melancólicos, irascibles, toxicómanos y con una expresiva sintomatología psíquica muy parecida a la del animal de experimentación arrancado prematuramente de su biotopo y enjaulado".

"La entrada del Neolítico es la del abuso y la del sojuzgamiento, y en ella seguimos, inadaptados".

(Félix Rodríguez de la Fuente, médico y ambientalista español, 1928-1980).



Hemos organizado una civilización en la que la mayoría de elementos cruciales dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos organizado las cosas de tal manera que casi nadie entiende de ciencia y tecnología. Esto es una receta para el desastre. Quizás nos salgamos con la nuestra durante algún tiempo, pero tarde o temprano, esta mezcla inflamable de ignorancia y poder va a explotar en nuestras caras.  

(Carl E. Sagan, científico americano, 1934-1996).



El progreso es la habilidad del hombre para complicar la simplicidad. 

(Thor Heyerdahl, biólogo marino y explorador noruego).

Thor Heyerdahl (1914-2002).


Nuestra sociedad se dirige más y más hacia el consumismo innecesario. Es un círculo vicioso que yo comparo con el cáncer… ¿Deberíamos eliminar el sufrimiento y las enfermedades? La idea es bonita, pero quizás no sea beneficioso a largo plazo. No deberíamos dejar que nuestro horror por la enfermedad ponga en peligro el futuro de nuestra especie.

(Jacques Cousteau, oficial naval y explorador francés, 1910-1997).


No has venido a la tierra a poner diques y orden en el maravilloso desorden de las cosas. Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas sin alzar vallas a su gloria.

(José Hierro, poeta español, 1922-2002).



La tecnología es muy divertida, pero podemos ahogarnos en nuestra tecnología. La niebla de la información puede acabar con el conocimiento.

(Daniel J. Boorstin, historiador, abogado y profesor americano de origen judeo-ruso, 1914-2004).



Nos estamos convirtiendo en siervos, en pensamiento y en acción, de la máquina que creamos para servirnos a nosotros.

(John Kenneth Galbraith, economista americano, 1908-2006).



Si un aborigen redactase un test de CI, presumiblemente toda la Civilización Occidental lo suspendería.

(Stanley Garn, profesor americano de antropología física, 1922-2007).



Los seres humanos serán más felices, no cuando curen el cáncer o lleguen a Marte o erradiquen los prejuicios raciales o drenen el lago Erie, sino cuando encuentren maneras de habitar comunidades primitivas de nuevo.

(Kurt Vonnegut, escritor y veterano de guerra americano, 1922-2007).



Cuando más rápidamente progresa una civilización, más pronto muere para que otra ascienda en su lugar.  

(Edward T. Hall, antropólogo americano, 1914-2009).



El Gobierno Federal ha patrocinado investigaciones que han producido un tomate perfecto en todos los sentidos… excepto que no se puede comer. Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para que asegurarnos de que esta enfermedad, a menudo llamada progreso, no se extienda.

(Andy Rooney, guionista americano de radio y TV, 1919-).



Con la civilización, hemos pasado del problema del hombre de las cavernas al problema de las cavernas del hombre.

(Edgar Morin, filósofo y político judeo-francés de origen sefardí, 1921-).



Podemos llegar a un punto en el que la única manera de salvar al mundo sea que caiga la civilización industrial.

(Maurice Strong, empresario canadiense y ex-Secretario General de la ONU, 1929-).



"Cada nueva generación nacida es en efecto una invasión de la civilización por pequeños bárbaros, que deben ser civilizados antes de que sea demasiado tarde".

"Si la batalla por la civilización se reduce a los peleles contra los bárbaros, los bárbaros van a ganar".

(Thomas Sowell, economista liberal americano, 1930-).



El progreso ha llegado a significar simplemente más poder, más beneficio, más productividad, más prosperidad de papel, todos los cuales son convertibles a estándares a los que sólo les interesa la magnitud o el tamaño antes que la calidad o la excelencia.

(Alex Campbell, político canadiense, 1933-).



La fe más central e irracional entre la gente es la fe en la tecnología y el crecimiento económico. Sus sacerdotes creen hasta la muerte que la prosperidad material trae disfrute y felicidad ―incluso aunque todas las pruebas en la historia han demostrado que sólo la carencia y la tentativa causan una vida que merece la pena ser vivida, que la prosperidad material no trae nada más que desesperación. Estos sacerdotes creen en la tecnología incluso mientras se asfixian en sus máscaras de gas.

(Pentti Linkola, pescador y ecofascista finlandés, 1932-).



La civilización arruina el planeta desde el lecho marino hasta la estratosfera.  

(Richard Bach, escritor y piloto americano, conocido autor de "Juan Salvador Gaviota", 1936-).



Una vez que la tecnología te arrolla, si no eres parte de la aplanadora, eres parte de la carretera.

(Steven Brand, militar, autor y editor americano, 1938-).



La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización es antinatural; un capricho de las circunstancias. ¡Y al final, la barbarie siempre triunfará!

(Conan el Bárbaro, personaje de ficción literaria, por Robert E. Howard y Roy Thomas).



Durante mucho tiempo, éramos sencillamente personas. Pero eso fue antes de que empezásemos a tener relaciones con sistemas mecánicos. Involúcrate con una máquina y, tarde o temprano, serás reducido a un factor.

(Ellen Goodman, periodista judeo-americana, 1941-).



La cultura nos ha llevado a traicionar nuestro propio espíritu aborigen y nuestra integridad, a cambio de un mundo cada vez más degradado de distanciamiento sintético, aislante y empobrecedor. Lo cual no significa que ya no haya placeres cotidianos, sin los cuales perderíamos nuestra humanidad. Pero a medida que nuestra problemática situación se hace más profunda, atisbamos cuánto debe ser erradicado para nuestra redención.

(John Zerzan, escritor americano de origen checo, 1943-)



Hoy la programación es una carrera entre los ingenieros de software luchando por diseñar programas más grandes y mejores, a prueba de idiotas, y el Universo intentando producir idiotas más grandes y mejores. De momento, el Universo está ganando.

(Rick Cook, escritor americano, 1944-).



Los esfuerzos modernos en los campos de la educación y del entrenamiento son similares a intentar lograr que el motor del viejo automóvil Modelo T sea capaz de alcanzar las 200 millas por hora simplemente suministrándole mejor aceite de motor y gasolina de mayor octanaje. Se podría decir que la civilización realmente desgasta el motor y que cuando sus partes son desgastadas, se sustituyen por metal menos robusto, hasta que finalmente, el motor es incapaz de funcionar.

(David Duke, político y escritor americano, 1950-).



La tecnología erosiona el carácter humano. Nos separa de la naturaleza, lo cual disminuye nuestro ser natural. Sin contacto con la naturaleza, nos comportamos de forma egoísta, estúpida. Nos convertimos en consumidores, no en receptores. Nos volvemos artificiales. Llevado al extremo, nos comportamos como máquinas. La tecnología nos hace codiciosos, infelices, impacientes, insensibles y llenos de hubris.

(Kevin Kelly, editor y escritor americano, 1952-).



Todos los mayores inventos tecnológicos creados por el hombre ―el avión, el automóvil, el ordenador― dicen poco sobre su inteligencia, pero hablan volúmenes sobre su pereza.

(Mark Kennedy, hombre de negocios y político americano, 1957-).



Quizás nuestra preocupación por el progreso tecnológico haya eclipsado nuestra preocupación por el progreso humano.

(Wynton Marsalis trompetista americano de jazz, 1961-).



Parece claro que la imagen hobbista, según la cual los seres humanos primitivos llevaban una vida "solitaria, pobre, desagradable, bestial y corta" (idea que sostenían muchos antropólogos del Siglo XIX, e incluso algunos del Siglo XX), no responde en absoluto a una descripción exacta del estilo de vida cazador-recolector. En realidad, como veremos, existen razones de peso para creer que en la actualidad la moderna vida humana muestra, por término medio, muy pocas mejoras respecto de la de nuestros primitivos antepasados.

(Bernard Grant Campbell).



"La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana".

"Desde el comienzo de la civilización, las sociedades organizadas han tenido que presionar a los seres humanos a causa del funcionamiento del organismo social. Los tipos de presión varían enormemente de una sociedad a otra. Algunas de las presiones son físicas (dieta pobre, trabajo excesivo, contaminación ambiental), algunas son psicológicas (ruido, masificación, forzar el comportamiento humano  a encajar en el molde que la sociedad requiere). En el pasado, la naturaleza humana ha sido aproximadamente constante, o en todo caso ha variado sólo en el marco de ciertos límites. Consecuentemente, las sociedades han sido capaces de empujar a la gente sólo hasta ciertos límites. Cuando se sobrepasa el límite de la resistencia humana, las cosas empiezan a ir mal: rebelión, o crimen, o corrupción, o evasión del trabajo, o depresión y otros problemas mentales, o una elevada mortandad, o una baja natalidad o alguna otra cosa, de modo que, o la sociedad se colapsa, o su funcionamiento se vuelve demasiado ineficiente y es (rápida o gradualmente, a través de la conquista, el desgaste o la evolución) reemplazada por alguna otra forma de sociedad más eficaz".

(Theodore Kaczynski, superdotado, matemático, profesor de universidad y terrorista americano de origen polaco, en La sociedad industrial y su futuro, también conocida como "Manifiesto Unabomber").

Ted Kaczynski (1942-), también conocido como Unabomber.


El "tren de vida" de los guerreros y de las primeras hordas primitivas se fue apaciguando. Se empiezan a gestar las primeras civilizaciones sedentarias y ello conlleva aunque relativamente, una menor aspereza y brutalidad en la lucha por la existencia; paralelamente los malos genes antes eliminados de manera expeditiva por las mismas condiciones del medio, empiezan a manifestarse cada vez con menos trabas, se convierten en un peligro latente.

(E. Aynat, "La eugenesia: breves notas históricas").



La tecnología hace posible que la gente gane control sobre todo, excepto sobre la tecnología.

(John Tudor).



Civilización: una delgada chapa sobre el barbarismo. 

(John M. Shanahan, escritor americano).



Me choca la tendencia insidiosa e informática de sacar las cosas del dominio de la actividad muscular e introducirlas en el dominio de la actividad mental. Esta transferencia no nos está compensando. De acuerdo en que los músculos no son fiables, pero representan muchos millones de años de finura acumulada.

(Brian Eno, compositor inglés de música electrónica, 1948-).



Estamos todos presos, y la mayoría de nosotros lo hemos estado desde la introducción de la agricultura tiempo atrás en la Edad de Piedra...

(Varg Vikernes, músico y compositor noruego, 1973-).



Como el club de la lucha hace con oficinistas y mozos de carga, el proyecto Mayhem destruirá la civilización para que podamos hacer del mundo algo mejor. (…) Ése era el objetivo del proyecto Mayhem, dijo Tyler, la completa y pronta destrucción de la civilización.

(Tyler Durden, personaje de ficción literaria, en la novela "El club de la lucha", de Chuck Palahniuk).


"¡Rechaza los puntales básicos de la civilización, especialmente las posesiones materiales!"

"Imagino... se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por cepas gruesas como mi muñeca que envolverán el edificio Sears. Y cuando se mire hacia abajo se verán figuras machacando maíz, colocando tiras de venado en el arcén de alguna autopista abandonada".

(Tyler Durden en la película "El club de la lucha", de David Finch).




NOTAS:

[1] De este vocablo procede el latín hybrida, del cual procede a su vez la palabra "hibridar", es decir, cruzar dos variedades.